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Los grandes, en la mayoría de los casos, no son grandes por casualidad, sino más bien por causalidad. Y esto lo pude comprobar ayer mismo y quiero, con vuestro permiso, compartir esta bonita anécdota para que entendamos que cuando alguien se convierte en un referente y cosecha una buena reputación es, paradójicamente, porque lo envuelven muchas más cosas que unos simples resultados.

Dejadme que os cuente:

Ya hacía semana que exploraba e investigaba la posibilidad de contratar los servicios como mentor de una persona muy seguida y admirada por mi. A decir verdad ya había realizado con el una potente formación pero esto iba un paso más allá. Debía ser consciente que la apuesta, sobretodo económica, sería muy importante y por eso decidí investigar algo más sobre el.

Hablé, sobretodo, con una persona cercana que ambos tenemos en común y intenté averiguar mucho más allá de sus resultados como es la persona con la cual quería invertir mi tiempo, mi energía, mi dinero pero sobretodo mi ilusión.

Sabía perfectamente, por su historia y por sus resultados que era el mentor que necesitaba, o eso creía yo. Pero un paso tan importante para mi requería de un mayor conocimiento de la persona. Y me sorprendió. Vaya si me sorprendió.

Y no me sorprendió porque lo que averigüé de él fuese algo fuera de lo común sino más bien porque cuando me decidí a ponerme en contacto con el encontré respuestas, pero sobretodo, encontré respuestas fuera de lo común.

Como podrás haber intuido, cuando realicé mi llamada, ya había tomado la decisión de proponerle la posibilidad que el fuera mi mentor. Solo restaba conocer si me era posible poder llevar a cabo este proceso, sobretodo a nivel económico ya que cuando uno cuenta con la experiencia, el bagaje y los resultados contrastados con los que cuenta Juan Carlos es muy fácil que la inversión no pueda ser asumida por muchas personas.

Aún así me decidí a llamarle y allí empieza la historia de grandeza. Lo primero que quiero destacar de la historia es que cada vez que me he puesto en contacto con Juan Carlos su respuesta ha sido inmediata. Y no por sus ganas de venderme ninguno de sus productos o servicios sino más bien por su afán de ayudar a las personas. Y ahora entenderás porqué.

Acordamos una hora para que pudiera llamarle y fieles a nuestra palabra nos pusimos en contacto. A partir de allí, en pocos minutos pude comprobar que esa llamada sería diferente y que estaba siendo el mejor servicio que Juan Carlos podía ofrecerme y de manera totalmente gratuita. Fue como si me realizaran una auditoría de valores gratuita.

Como buen “escuchador” enseguida me cedió la palabra y de pidió que le contara el motivo de la llamada. Y así lo hice. Cuando acabé mi exposición le había dado unos números y unas cifras para ser lo más específico y concreto posible para que pudiera entender con la mayor concreción cual era mi objetivo si al final cristalizaba nuestro proceso. Su respuesta no pudo ser más elocuente:

“Crack, ¿de que vas tío?” Muy en su línea pero no con el significado que yo esperaba. Esperaba, sinceramente, unos cuantos regalos a mis oídos y acto seguido entrar en materia. Lo que principalmente me importaba era escuchar la cifra de la mentoría para decidir lo más rápidamente posible si podía contratar sus servicio.

Cual fue mi sorpresa que esa cifra no salió hasta que ya habíamos descartado empezar cualquier tipo de proceso ni de colaboración. Que grande. Que bonito.

Fue directo, al grano y con la honradez por bandera. Después de conocer mi situación lo primero que me dijo es que no necesitaba ningún proceso, ni con el ni con nadie y de lo único de lo que yo “adolecía” era de impaciencia, es decir, de falta de paciencia. Yo le llamo paz-ciencia (la ciencia que estudia la paz).

Fue una preciosa conversación de más de 20 minutos donde en ningún momento me intento convencer de nada que no fuera de mi talento y de que no necesitaba nada de lo que estaba buscando a no ser que fuera para saciar mi ego.

Me estuvo contando sus experiencia personal y dando consejos hasta que decidimos despedirnos. Algunos de ellos, repito, dignos de una persona que lleva la honradez por bandera. Me llamo poderosamente la atención uno de ellos. “Lo único que me preocupa es que caigas en manos de alguien que si te quiera cobrar una gran cantidad de dinero cuando tu lo único que necesitas es paz-ciencia”.

Al principio yo no daba crédito. Con el paso de los minutos entendí que los grandes no solo son grandes por obtener buenos resultados sino más bien todo lo contrario. Los grandes obtienen buenos resultados precisamente porque son grandes.

Lo mejor de todo ello es que Juan Carlos, Juan Carlos Castro, un auténtico líder y maestro en neuro-influencia y finanzas ha ganado un cliente para siempre pero sobretodo se ha ganado sin esfuerzo, sino siendo solo quien es, el respeto de alguien que si antes lo admiraba ahora mucho más.

Me gustaría que el fruto de este post fuera como el título del mismo: La honradez es productiva.

 

Gracias por tus sabias palabras Juan Carlos.

 

 

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