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Son muchos alumnos que a lo largo de estos últimos 5 años han querido compartir sus momentos con nosotros para buscar alternativas a situaciones poco positivas por las que estaban atravesando.

Si uno está mínimamente preparado y es observador enseguida se da cuenta que, con pequeños matices, los patrones se repiten. Hay situaciones comunes que mantienen a muchas personas, sometidas a emociones poco productivas que a la postre se convierten en acciones decepcionantes.

Basta con darse una vuelta por la calle y observar las respuestas de la gente cuando uno se atreve a preguntar:

 

  • “¿Qué tal te va?”.

 

Las respuestas, en demasiadas ocasiones, son de perfil muy bajo. Las personas estamos tolerando unos estándares de vida que deberíamos elevar urgentemente.

 

  • “Voy tirando”.
  • “Luchando”.
  • “Pues ya ves, de aquella manera”.
  • “¿No mes ves? Pues como voy a estar”.

 

Estás respuestas no las podemos asumir como algo normal. Pueden ser momentáneamente la excepción pero nunca la regla. Recuerda algo muy importante:

“Tienes aquello que toleras”.

Debajo de todas estas respuesta se esconde algo común en todos los seres humanos y es la falta de confianza en ellos mismos y en sus posibilidades.

 Nos ha tocado vivir en una época donde la competencia y la competitividad han sido el termómetro del éxito de nuestra sociedad. Llevamos varias generaciones compitiendo con otros seres humanos sin saber muy bien el motivo.

Hemos perdido de vista el objetivo básico de cualquier acción que emprendamos, ya sea esta personal o laboral. Cuando le preguntas a las personas cual es el motivo de sus acciones, te das cuenta de que en última instancia, todo ser humano desea vivir en paz y ser feliz.

Pero, paradójicamente, nuestros actos no dicen lo mismo y allí reside el verdadero conflicto.

Trabajamos para ser más, para tener más, para demostrar más, para ser más reconocidos y una larga lista de “mases” que nos lleva en sentido apuesto a lo que somos en esencia.

 

La revolución industrial trajo consigo este paradigma de competencia y competitividad y esto nos ha llevado ha vivir bajo el paraguas y la visión de un mundo donde todos estamos y nos sentimos separados los unos de los otros y donde debemos ser siempre mejores para ser “personas de éxito”.

Este ya es el antiguo modelo. Estamos entrando de lleno en una nueva era donde el modelo cambia por completo y si no conseguimos adaptarnos a este nuevo paradigma quedaremos fuera de todo lo bonito que nos da la vida.

El modelo antiguo ha colapsado. Ha colapsado el sistema político, el financiero, el educativo, el religioso y todos los modelos que queramos poner sobre la mesa.

La avaricia, fruto de la separación y la competencia desmesurada y mal entendida, nos ha llevado al colapso total. Ahora corren nuevos tiempos. Unos tiempos distintos de conciencia y consciencia.

La mayoría de las personas viven adictas a las emociones del miedo. Y lo peor es que no son ni tan siquiera conscientes de todo ello.

Desde pequeños el modelo educativo nos ha hecho competir unos con otros simplemente por comparar entre semejantes algunos conceptos que pocas veces mas hemos utilizado durante el resto de nuestras vidas.

Por otro lado, la educación de nuestros padres ha sido basada en la cultura del esfuerzo y del sacrificio.

Ninguno de estos modelos a tenido en cuenta el talento, la pasión y la conexión con nuestros dones, por extraños que parecieran.

Corren nuevos tiempos. Tiempos basados en la cultura de la pasión por lo que uno ama, por la conexión con lo que uno hace, por el no esfuerzo y el menos sacrificio. Corren tiempos nuevos y si no somos capaces de entenderlo, tendremos un grave problema.

Hoy día hay un solo camino para el éxito personal y profesional. Ese camino se llama “confianza”.

 Tanto en el ámbito personal como profesional quien sea capaz de generar confianza tendrá el éxito asegurado.

Los buenos negocios se generan basados, en primer lugar, por confianza y no por producto. Las buenas relaciones se generan por confianza y no por estatus ni por intereses ocultos.

Cualquier cosa en esta nueva vida se genera en base a la confianza. Una confianza que es la antítesis de la separación y la competitividad.

Es por ello que nos urge volver a reconstruir nuestra maltrecha confianza. La confianza en nosotros mismos.

Es imposible que nadie confíe en nosotros si no lo hacemos nosotros primero. Si queremos generar confianza debemos confiar en nosotros primero.

Recuerda: El modelo antiguo ha colapsado. Lo que ha llevado a la humanidad al enfrentamiento, al ego desmesurado y a la competitividad extrema está en sus últimos suspiros vitales.

Es hora de respirar un nuevo oxígeno. Un oxígeno renovado y limpio donde la confianza en uno mismo y en los demás será el principal valor de una nueva era.

Cuando mi hijo me diga lo que quiere ser en la vida lo primero y lo único que le voy a preguntar será lo siguiente:

 

“¿Confías en ti para llevarlo a cabo?”

 

Se, por su educación , que la respuesta será afirmativa y es aquí cuando un ser humano normal se convierte en un ser sobrenatural.

Si confías en ti y en tus posibilidades no importa si aún no tienes las destrezas necesarias para llegar donde quieres estar en el futuro. Si confías en ti, harás lo que tengas que hacer, para llegar donde quieras llegar.

Quiero despedirme hoy con algo para tu reflexión:

“No somos solo lo que nos han dicho que somos ni la vida es solo lo que nos han dicho que es”.

 

Te deseo lo mejor de ti.

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